Amaro Pargo, La leyenda del Pirata Español.

Por: Marisa Tello.

Los relatos de piratas no eran muy conocidos en su tiempo porque las autoridades del momento no desearon que su actividad fuera conocida. Evidentemente no eran vidas ejemplares y, ciertamente eran vidas delictivas. Hollywood nos ha hecho una imagen bastante diferente de lo que realmente eran, los representamos en nuestra mente tuertos, con pata de palo, el loro en el hombro y con su cofre del tesoro, pero la realidad fue más cruda, y en la mayoría de los casos eran auténticos señores, a veces aristócratas, al servicio de algún rey o cacique que se beneficiaban de su actividad para enriquecerse de forma fácil y rápida.

Hemos escuchado las historias sobre los grandes piratas ingleses, holandeses y berberianos, pero los corsarios españoles son raramente mencionados dentro de estas historias, aquí tenemos uno, que fue un personaje ambiguo, lleno de matices, con luz y sombra, al igual que muchos de sus contemporáneos, llevaron una doble vida, que combinaba la nobleza y la riqueza, la cultura y la familia, con el robo, el asesinato y los saqueos a poblaciones del nuevo mundo.

¿Quién fue Amaro Pargo?

Canario de nacimiento, vivió durante la edad de oro de la piratería, nos muestra la doble vida que llevaron estos curiosos personajes. Perseguido por la justicia y alabado por su gente, rico y generoso, duro en la mar y lleno de bonanza con sus paisanos, esclavista y defensor de los humildes, despiadado asesino pero ferviente católico, valiente marino que se convierte en pirata, fugitivo con nobleza reconocida, así como muchos de sus contemporáneos, hombre culto que lleva un inventario de sus riquezas.

Amaro Rodríguez Felipe y Tejera Machado, más conocido como Amaro Pargo fue un corsario y comerciante español, nacido en San Cristóbal de la Laguna (Tenerife), el 3 de mayo de 1678. Fue hijo legítimo de Don Juan Rodríguez Felipe de Barrios y Beatriz de Tejera Machado. El apodo de Pargo fue adoptado por la semejanza con el pez de dicho nombre (Pargo o Huachinango: Lutjanus campechanus).

Tuvo una juventud bastante influenciada con el auge de la piratería en la isla cuyos pobladores eran herederos de los conquistadores y aventureros de Canarias. Tenerife con acantilados propicios para el asalto y refugio de estos bandidos marítimos. La suya era una zona poblada de barcos con bucaneros a la espera del intercambio de productos, y por ella pasaban innumerables rutas de comercio entre Europa y América.

Una de las vistas únicas de Tenerife. Fotografía tomada rumbo al Teide.

Se embarcó a temprana edad y fue aprendiz de botamen, sirviendo en varias galeras reales hasta que se familiarizó con la profesión, aprendiendo los trabajos propios de un marinero a bordo de diferentes naves como dueño, capitán o maestre.

En 1701 sucede un hecho que marcara su destino y cambiara su vida, se embarca como alférez en el buque Ave María, apodado “La Chata”, que fue abordado por piratas, y ya demostrando su valentía e inteligencia, aconseja al capitán que simulen una rendición para iniciar una batalla de la que resultan victoriosos. En agradecimiento, el capitán regala a Amaro su primer barco, con el que comienza sus fructíferas actividades, entre otras, el comercio de esclavos africanos. Vendió y comerció con ellos, utilizándolos después para las plantaciones de América o algunos ingenios azucareros de las Islas Canarias.

Entre 1700 y 1709 podemos rastrear sus rutas comerciales y algunos de sus viajes: en 1705 parte desde Canarias hasta la Isla de Cuba en su nao “Nuestra Señora de los Remedios” también conocida “El Gavilán”. En 1714 obtuvo permiso de embarque en el navío de su cargo nombrado Nuestra Señora de la Concepción y San Francisco Xavier.

En 1720 estuvo viajando entre Caracas y La Guaira (Hoy Venezuela) en la nao “San Luis”. Es importante mencionar que en este viaje partió Don José Rodríguez Felipe siendo Capitán de la “Santísima Trinidad”, hermano del Capitán Amaro y compañero de algunas de sus aventuras.

Permiso de Embarque para Amaro Rodríguez Felipe. En la parte inferior derecha se encuentra la firma del Capitán Joseph, su hermano.

Las fuentes de la época se hacen eco de su bondad, pese a su oficio de pirata. Es decir, saqueaba dentro de un orden, sus principales armas eran el engaño, para acercarse a los navíos sin levantar sospechas, y la valentía para emprender el abordaje. Fue solidario con su gente, destinando parte de sus botines a los más necesitados, como un Robin Hood de su época. Preocupado por la situación económica de los pobres en el siglo XVIII, participó en una de las sesiones del Cabildo (Tenerife), solicitando un nuevo tipo de moneda que mejorara el problema que presentaba la sociedad de la época (introducción de los cuartos y los ochavos bajo la estimación de 4 y 2 maravedíes, para limosnas).

Tras entregar su vida al mar y medirse en batallas de altura, incluyendo al famoso pirata inglés Barba Negra, obtuvo una inmensa fortuna formada por más de 900 fanegas de tierras, sesenta casas, quince heredades de viña, tributos monetarios y de trigo, además de valiosas joyas y gran cantidad de dinero. Cuenta la leyenda que escondía un gran tesoro en la isla.

Perseguido por la justicia, siempre consiguió esquivarla. En una ocasión fue detenido por los oficiales de la Casa de Contratación de Cádiz, por impedir la revisión de su navío. No obstante, fue calificado de hidalgo, como muchos de sus contemporáneos, consiguiendo la real certificación de Nobleza y Armas, en Madrid el 9 de enero de 1727.

Personaje producto de la época, en la que la riqueza del nuevo mundo, llamaba a hombres arrojados y con deseos de vivir aventuras, el capitán Amaro, fue un hijo de su tiempo.

El capitán Amaro Rodríguez Felipe falleció el 14 de octubre de 1747, en la Laguna, y fue enterrado en el sepulcro de sus padres Juan y Beatriz localizado en el templo de Santo Domingo. La lápida sepulcral tiene grabado el escudo de armas de la familia Rodríguez Felipe con la cimera y el yelmo coronando las armas y -algo inusual para la heráldica- cañones como bordura de la parte inferior del escudo que muestra además una banda de Castilla en boca de dos dragantes. Sobresale el símbolo característico y universal del corso y la piratería: una calavera con dos tibias cruzadas. Es un sepulcro que no pocos piratas habrían envidiado.

Fuentes:

  • Registros de ida de Canarias a los puertos de Indias. Archivo General de Indias. Contratación, 2852.
  • Registros de ida a Caracas y La Guaira. Archivo General de Indias. Contratación, 1684.
  • Permiso de Embarque del rancho del navío a Caracas para Amaro Rodríguez Felipe. Archivo General de Indias. Contratación, 5468, N.1, R.31

 



2 Comments

  1. J. Prieto

    Muy curioso e interesante relato. Me ha encantado el sepulcro con la calavera y las tibias cruzadas, y además en una Iglesia…!! Genial.

  2. Marisa

    Ciertamente los piratas eran personajes muy curiosos y enigmáticos, está genial lo de la calavera y más por qué está guiñando el ojo.

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