Carta de la Reina Isabel a Fray Juan de Zumárraga

Relato y Paleografía: Jorge Barba Gómez. 

Extracto del Libro: “Constituciones de fray Alonso de Montúfar”. Todos los derechos reservados.

La carta que se presenta a continuación, escrita por la Reina Doña Isabel de Portugal, fue dirigida a Fray Juan de Zumárraga, Primer Obispo de México, hijo legítimo de Don Juan López de Zumárraga y doña Teresa de Laris.

Fray Juan fue uno de los personajes principales del “Milagro del Tepeyac”* junto con Juan Diego Cuauhtlatoatzin. La carta -escrita con un tenor serio y demandante, básicamente un ultimatum- muestra la presión ejercida por la Reina sobre las acciones de Don Juan de Zumárraga y toman efecto en su interpretación del Milagro en el Tepeyac de Nuestra Señora de Guadalupe y su conflicto ideológico y religioso con Oidores y otros representantes gubernamentales en la Nueva España sobre el trato de naturales y la difusión religiosa en el Nuevo Mundo. Fue hasta Fray Alonso de Montúfar, que sucedió a Zumárraga como segundo Obispo de México, librado ya de los conflictos que enfrentó su predecesor, quien ve con mayor claridad la maravilla de Dios en estas tierras animando así al Obispo Montúfar a aprobar e impulsar la veneración de la Virgen de Guadalupe uniendo indígenas, mestizos y españoles en el Culto Guadalupano.


Recuerdo padre Fray Juan de Zumárraga e Obispo de Mexico todas las cartas que aveis escrito al Emperador mi señor y a mi, despues que llegaste a esta tierra he visto y por ellas y por las del dicho presidentes e Oidores y nuestros oficiales y otras personas particulares he entendido lo sucedido ella y como quiera que su majestad temiendo el concepto de vuestra persona y religion que deriva vos eligió por lado de esa gran ciudad y obispado de Mexico y por defensor de los indios naturales de esa nueva España/pero no podemos dejar de escribiros el descontento que vemos tenido de la manera que aveis tratado los negocios que eran a vuestro cargo formando parcialidad y diferencias, con vuestro presidente e oidores e oficiales predicando en púlpitos vos y otros religiosos con vuestro consentimiento y mandado cosas desasosegadas y escandalosas y muchas de ellas en ofensa e injuriada los dichos oidores y algunas en prejuicio de riña preeminencia Real, y ansi mismo dando diversas copias abiertas de las cartas que vos escribieres a personas particulares que las publicasen en estos reinos y fuera de ellos, y como quiera que ello e intención puede ser que fuese bueno pero deberéis de considerar que semejante obra no podría hacer sino mucho daño e inconveniente como ha sucedido en contrario de lo que se proveyó y a lo que vos y ellos fuistes y porque ahora vemos mandado proveer de presidente e oidores que tengan esa tierra en paz y justicia y por quitar toda ovación y diferencia avemos de declarado la forma que se ha de tener en la visitación y protección de los indios aquello complid a la letra aunque a vos os parezca en algún articulo de ellos ser otra cosa mas conveniente porque a nuestro servicio cumple que aquello al presente se guarde y vos con toda prudencia y secreto nos aya sabido parecer para que visto acá proveamos lo que convenga a ser beneficio que Dios y nuestro y sobre todo vos encargo y mando que los dichos señores presidente e oidores acatéis e obedecéis como a personas que representan nuestra Reales personas porque de lo contrario y de semejantes desasosiegos de los pasado nos termenos de servicios y seria forzado de los proveerse otra manera.

de Madrid a 2 de Agosto 1530.
La Reina.
Por mandato de su majestad

Juan de Samoano.

*El Milagro consiste en varias apariciones que la Virgen de Guadalupe realizó en 1531 a Juan Diego Cuauhtlatoatzin en el Cerro del Tepeyac diciéndole que deseaba que un templo se construyera en ese sitio. Juan Diego transmitió el mensaje a Fray Juan quien condicionó la construcción de dicho templo a la intervención divina: pidió que Juan Diego trajera rosas de Castilla. Juan Diego fue con la Virgen de Guadalupe quien le dio las rosas y él las transportó en su ayate. Juan Diego se presentó con Fray Juan y al abrir el ayate se encontró que la imagen de la Virgen se había estampado en la tela. El ayate se encuentra localizado en la Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México donde puede ser visto por el público en general.


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