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I. Introducción: Álvaro y los Bracamonte. 

Don Álvaro de Bracamonte y González de Ávila fue uno de los primeros Capitanes de la Nueva Galicia y un personaje principal de este nuevo Reino. Los más experimentados reconocerán de inmediato su apellido como uno linajudo y no era para menos: Los Bracamonte eran una familia noble que ostentaron los Señoríos de Peñaranda y Fuente El Sol. Los Bracamonte tenían su origen en un experimentado Almirante Normando llamado Robin o Robert de Bracquemont, hijo del caballero Regnault, Señor de Bracquemont, pariente de familias de la alta nobleza francesa.

Casa de Bracamonte, señores de Fuente el Sol. RAH.

Mosén Robin de Bracquemont, genearca de esta familia, es también un personaje popular por las leyendas que le rodean siendo una de ellas su asociación con la entonces extinta Orden de los Caballeros Templarios. La Capilla donde se encuentran los restos mortales de Bracquemont en Ávila ha sido uno de los centros favoritos para los fanáticos de los Templarios y sus secretos puesto que la Capilla tiene varios elementos esotéricos, figuras geométricas sagradas y símbolos sin explicación alguna. De cualquier forma parece ser que los secretos de esta capilla -si es que eran secretos- no fueron del conocimiento de los descendientes de Mosén Robin, así que nos ocuparemos de su descendiente el aventurero de las Indias.

De acuerdo a una Real Cédula emitida en 1530 queda plasmado que el tío de Álvaro de Bracamonte fue Alonso de Bracamonte quien era el quinto Señor de Peñaranda, habiéndolo sido desde 1527 hasta su muerte en 1540. Era hijo de Juan de Bracamonte, cuarto Señor de Peñaranda y de Beatriz de Quintanilla y Ludeña. Quedando establecida esta relación familiar ahora hay que encontrar el lugar de parentesco de nuestro Álvaro de Bracamonte y González de Ávila.

Aunque la Real Cédula nombra al Señor de Peñaranda como su tío es improbable que sea tío carnal al usar este y su padre el mismo nombre. Dadas las fechas es probable que nuestro personaje sea nieto de uno de los hijos naturales de Don Álvaro de Bracamonte y Dávila, segundo señor de Peñaranda o incluso nieto natural del sacerdote Alonso Rodríguez Manjón, tercer señor de Peñaranda por herencia de su hermano ya mencionado. Sea como fuere nuestro personaje perteneció a la Casa de Bracamonte.
El problema que tenemos para ubicar a nuestro Álvaro de Bracamonte en esta Casa se debe a que algunos de sus miembros tuvieron singular afecto a perseguir faldas.
Dn. Álvaro de Bracamonte y Dávila, segundo señor de Peñaranda era conocido por tener una mano dura y un tanto abusiva mientras ejercía de Regidor en Medina del Campo y en su propio señorío, Peñaranda, tenía relaciones difíciles entre sus habitantes. Este Álvaro, aunque casó en dos ocasiones, no tuvo descendencia legítima y en Mari Rodríguez tuvo un hijo bastardo: Juan de Bracamonte quien tuvo su legitimación hasta 1489. Don Juan además del Señorío como cuarto señor heredó la personalidad de su padre y continuó en Peñaranda cometiendo diversos abusos entre los habitantes.
Dada la frecuencia de encontrarnos con hijos naturales en la Casa de Bracamonte -incluyendo la rama que continuó el señorío- no sería raro que el padre de D. Álvaro fuera uno de estos. Apunta el Conde de las Torres, D. Cristóbal de Moscoso que Álvaro de Bracamonte y Dávila tuvo -quizás con algo de exageración- veinte hijos ilegítimos.

II. Paso al Nuevo Mundo.

D. Álvaro, personaje que nos ocupa, aventurero de las Indias, era hijo de Alonso de Bracamonte y de Francisca González de Ávila. En 1530 comienza su aventura en el Nuevo Mundo cuando se emite una Real Cédula al presidente y oidores de la Audiencia de México, por la cual se recomienda a Álvaro de Bracamonte: “hijo de Alonso de Bracamonte y sobrino de Alonso de Bracamonte, de quien es la villa de Peñaranda, para que le ayuden y favorezcan conforme a la calidad de su persona y a sus derechos.”

Pasó ese año a las Indias con un importante caudal y recomendación como noble hijodalgo de la Casa de Bracamonte. En este trayecto o quizás poco después trabó amistad con un paisano: D. Pedro Ruiz de Haro quien fungiría como escribano y notario. Cuando ambos llegaron se encontraron con un ambiente de guerra que lideraba Nuño Beltrán de Guzmán en lo que sería la zona de la Nueva Galicia contra los Chichimecas. Enlistándose ambos en las huestes de Guzmán, Bracamonte puso armas, caballos y fue uno de los Capitanes principales de la Conquista de la Nueva Galicia, desde el inicio hasta el fin como lo relató su hijo Alonso. Así pues partieron los dos paisanos, Haro y Bracamonte en el ejército que se compuso de tres de centenares de Españoles y miles de aliados indígenas. A la par de su avance fundaron diversas ciudades como San Miguel, Guadalajara, Chiametla y Santiago de Compostela. En esta última Ruiz de Haro permaneció como Escribano y Bracamonte como Regidor y de 1534 a 1544 fue Alcalde Ordinario. Con el tiempo Bracamonte se hizo de diversas Encomiendas de importancia haciéndolo uno de los hombres más ricos del Reino de la Nueva Galicia.

Así mismo, mientras ejerció como Alcalde fue encargado de pacificar diversas insurrecciones como Capitán de su gente en el Oeste de Jalisco. El Gobierno de Bracamonte no estuvo ausente de problemas que tuvo que resolver, entre ellos el desánimo que tenía la población de seguir explorando el Norte de México puesto que pocos creían ya los cuentos fantásticos de las siete ciudades de oro; otro problema era atender la problemática agrícola en Nueva Galicia y establecer negocios económicamente sustentables que pudieran convertir estas pequeñas poblaciones llenas de caseríos en su mayoría humildes en ciudades activas social, política y económicamente. Las tensiones generadas por un foco indígena en Nueva Galicia también estaba dando qué hablar, la sangre hervía, los caminos eran peligrosos y la popularidad de este núcleo crecía e iba ganando creyentes de la causa rebelde. La gota que derramó el vaso fue el asesinato de Juan de Arce, Encomendero de Guaynamota. Arce vivía lejos de la población Compostelana con la compañía de unos lebreles que le protegían debido a la discordia existente con los Caciques locales los cuales ya habían amenazado con matarle. Tiempo pasó y los caciques argumentaron que no podían llegar hasta Arce debido a los lebreles para hacerle llegar los tributos por lo que Arce accedió a guardarlos. Los caciques entonces mataron a Arce. De acuerdo con D. Matías Ángel de la Mota Padilla los caciques lo torturaron, mataron y comieron asado.

Enseguida comenzó la rebelión desde esta zona hasta Chametla extendiéndose como fuego y tomando a toda la población por sorpresa. La rebelión fue famosa por tener un fuerte componente religioso y fantástico: Los líderes habían dicho que unos representantes divinos del Dios Tecoroli habían profetizado que el Dios habría de matar a todos los cristianos así que la rebelión tuvo origen en su mayor parte, en la imposición religiosa en Nueva Galicia.

Se dieron aviso a las autoridades tan pronto fue posible y así fue avisado Bracamonte puesto que él y los habitantes de Compostela estaban en mayor peligro dada la cercanía con el Peñol del Mixtón, foco principal de la rebelión que ahora provocaba miedo entre los habitantes; era un ambiente tenebroso: se escuchaban tambores de guerra en la noche e historias de canibalismo, la gente temía acabar como Juan de Arce y que el suelo se tiñera de sangre de inocentes puesto que no habría niño, mujer o anciano que se salvase. Los chichimecas se habían agrupado para el violento ataque, cada vez eran más los rebeldes y Bracamonte se apuró en hacer de cualquier persona que pudiera sostener un arma, español o indígena aliado, un soldado.

Bracamonte en este periodo ya era un hombre entrado en años pero participó activamente como líder de aquellos hombres y mujeres que formaron parte de la defensa. Los ataques en un principio no fueron grandes y vistosos, más bien fueron varias escaramuzas con el fin de debilitar al defensor Compostelano. Los rebeldes hacían varios grupos de ataque que tomaban diversos turnos para conservar fuerzas a sabiendas que los defensores de Bracamonte no tendrían tiempo para descansar.

Al mismo tiempo que los rebeles se concentraban en Compostela una fuerza se lanzó contra aquellos que estaban en el Mixtón pero el primer intento terminó en un sonoro fracaso.

Debido a esto fue llamado el experimentado Capitán Pedro de Alvarado y Contreras “Tonatiuh” al frente del ejército que habría de someter a los rebeldes del Mixtón. Algunos pueblos al ver que Alvarado se dirigía al Mixtón resolvieron no apoyar la rebelión sin embargo, el primer ataque de Alvarado -en conjunto con Tlaxcaltecas y Purépechas- no dio frutos debido a la resolución de los rebeldes y la situación del sitio: lodos que impedían el paso de la caballería, grandes piedras, zonas irregulares… lo más grave fue que Alvarado quedó mortalmente herido en la retirada siendo aplastado por su propio caballo. Pedro de Alvarado murió unos días después.

Muerte de Pedro de Alvarado

La noticia fue desoladora y de tenor apocalíptico para los habitantes de Compostela y para Bracamonte quienes veían a Alvarado como su salvación. Los rebeldes ahora dominaban el territorio y Compostela estaba aislada esperando su sangriento fin. Pasó el tiempo y los rebeldes, en vez de atacar a Compostela dirigieron todas sus fuerzas a Guadalajara. En esta ciudad el Capitán Pedro de Plasencia divisó en Septiembre al gran ejército rebelde y cabalgó rápidamente a dar aviso. Hombres y mujeres se organizaron para la defensa y en esta ocasión la suerte favoreció a los de Guadalajara pues los rebeldes sufrieron un ataque sorpresa por parte del Capitán Cristóbal de Oñate quien con varios arcabuceros y la artillería logró romper el asedio. El ahora malogrado ejército rebelde se retiró al Mixtón y el Virrey Antonio de Mendoza entonces decidió armar un gran ejército con Miguel de Ibarra a la cabeza, ejército que en su mayoría era indígena y cuyo fin era terminar de una vez por todas con esta Guerra. En Coyna se enfrentaron ejércitos y combatieron en Nochistlán y Juchipila resultando victoriosos los de Mendoza. Finalmente fueron sometidos los rebeldes pero con grandes pérdidas para ambos lados. Puede uno imaginarse los desoladores panoramas: ciudades arrasadas, vecinos sumidos en pobreza extrema, cosechas destruidas, cuerpos sin vida.

Bracamonte se había quedado con una ciudad de menos de 50 habitantes arruinados por la guerra. Además, el trauma de la misma había quedado presente entre Españoles a Indígenas. En 1548 sucedió un enfrentamiento entre dos caciques indígenas que acabó con la muerte de aquél que había enfrentado a los rebeldes. Aunado a lo anterior, un líder llamado Conutla amenazaba de nuevo con una rebelión sin embargo este carecía del carisma para realizar una alianza por lo que solo quedó este foco rebelde aislado, el veterano caballero Álvaro de Bracamonte le enfrentó poniendo fin a los últimos vestigios rebeldes.

Volviendo los habitantes a sus ciudades y pueblos ahora enfrentaban una dura realidad: miseria por doquier. Los habitantes solicitaron socorro económico a la Corona la cual no se vio con ganas ni deseos de apoyarles. Los habitantes quedaron severamente desilusionados por defender un Reino que al parecer no tenía el más mínimo interés en ellos, estaban solos y tomó décadas levantarse pero esta característica valiente y resiliente quedó en los habitantes de la Nueva Galicia y si bien no fueron recompensados entonces, al día de hoy, esa zona de México, mantiene su notoria belleza e historia.

III. Descendencia y últimos años.

 D. Álvaro de Bracamonte vivió sus últimos años dedicándose a reconstruir lo perdido por la guerra, administró cabalmente sus Encomiendas y casó con una dama principal del Nuevo Mundo: Dña. Beatriz de Alvarado, hija del Conquistador Guillén de la Loa y de Isabel de Alvarado y Frías, sobrina de Tonatiuh. Fue su hijo D. Alonso de Bracamonte y Alvarado a quien le sucedió un evento poco grato en sus años mozos: En 1568 fue secuestrado por unos Robles para casarlo forzosamente con una hija del Conquistador Juan Antonio de la Brambila. Beatriz de Alvarado llamó a su yerno D. Juan de Avellaneda*, Juez de Residencia en Colima y ambos, madre y caballero rescataron al joven Alonso. Alonso casó con Beatriz Fernández de Híjar, hija del Conquistador Juan Fernández de Híjar y Sellán, nieto de los II Duques de Híjar dejando una amplia descendencia. Así la vida del Ilustre Álvaro de Bracamonte en Indias y la Nueva Galicia.
*Juan de Avellaneda, sevillano de origen. Hijo de Juan Bernal de Zúñiga y de Luisa de Avellaneda Cervantes y Arias de Saavedra; pariente de los Señores de Castellar y del Comendador de la Orden de Santiago Leonel de Cervantes.
Fuentes:
  • Historia del Reino de Nueva Galicia en la América Septentrional. Matías Ángel de la Mota Padilla.
  • Álvaro de Bracamonte, biografía de un poblador. Arturo Enrique de la Torre y López. Francisco Jiménez Abollado. Ediciones Bracamonte. 1992.
  • Real cédula al presidente y oidores de la Audiencia de México, por la que se recomienda a Álvaro de Bracamonte, hijo de Alonso de Bracamonte y sobrino de Alonso de Bracamonte, de quien es la villa de Peñaranda, para que le ayuden y favorezcan conforme a la calidad de su persona y a sus derechos.”
    Archivo: Archivo General de Indias. MEXICO,1088,L.1BIS,F.25R-25.
  • Información de los méritos y servicios de Alvaro de Bracamonte, uno de los primeros conquistadores y pobladores de Nueva España y particularmente de Nueva Galicia. Constan los méritos de Juan Fernández de Híjar, padre y suegro respectivamente de Alonso de Bracamonte, y otros ascendientes de éste. AGI. PATRONATO,79,N.1,R.10
  • Los Conquistadores Fernández de Híjar y Bracamonte. Jesús Amaya Topete. 1952. Gobierno del Estado. Guadalajara, México.




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