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Autor: Erik Andrés Reynoso.

En 1591 un cierto poeta de la Ciudad de Guadalajara en Nueva Galicia se vio en aprietos con la Inquisición por cuatro versos suyos.

Florián, que así se llamaba el caballero poeta, lejos de hacer honor a su nombre apagando fuegos los causaba: pecó de alabar a los recipientes de sus versos con virtudes y bellezas que sobrepasaban a las celestiales lo que causó que las entidades inquisitoriales dirigieran su mira a arreglar esa discordia que ante sus ojos era escandalosa e impermisible, o quizás tenían demasiado tiempo libre.

Al parecer Florián estaba desatado, en un momento alababa las virtudes de una mujer casada y en otro le hacía versos a las mejillas del Oidor de la Real Audiencia de Guadalajara.

Los versos alcanzaron una relativa fama en la región debido a su buena métrica. Eran una lectura agradable no obstante de exagerar un poco en las virtudes de los destinatarios y por un tiempo fue tema de conversación en tabernas y encuentros sociales de todas las clases incluyendo los pertigueros y demás eclesiásticos. Además, el poeta no era un personaje desconocido, pertenecía a una familia hidalga de la villa de Pastrana que en las Indias emparentó con personajes principales de la sociedad tapatía y algunos conquistadores:

Florián Palomino (1558-1617) era hijo de Bartolomé Sánchez-Palomino quien pasó a las Indias y tuvo una importante fortuna debido a las minas que poseía en Guanajuato, y de la viuda del Conquistador de Cuba Francisco de Medina a quien el ilustre D. Jorge Palomino y Cañedo identifica como Francisca Rangel de Anaya; Florián fue nieto de Bartolomé Sánchez-Palomino y de Catalina Jiménez Calvete, deuda de D. Pedro Martínez Calvete, Arcipreste de Zorita en 1480. Los Sánchez-Palomino eran vecinos de la villa de Pastrana en Guadalajara, Castilla siendo empadronados como hijodalgos y poseedores de diversas casas. También fueron cercanos a Da. Ana de la Cerda y Castro, Condesa de Mélito, Señora de Pastrana cuando la adquirió en 1541, abuela de la famosa dama Da. Ana de Mendoza y de la Cerda, Princesa de Éboli.

La Princesa de Éboli.

Fueron cercanos de tal forma que un miembro de esta familia, D. Pedro Palomino, permaneció como Gobernador de Pastrana y administrador de los bienes de la Princesa. Los Palomino además quedaron acreditados como hijosdalgo de acuerdo ante la Real Chancillería de Valladolid y en conformidad con el expediente de ingreso a la Orden de Santiago en 1684 del Capitán Don Matías Pardo Mejía y Sánchez-Palomino cuyos abuelos maternos D. Luis Sánchez-Palomino y Francisca Ximénez fueron naturales de la villa ya mencionada.

Volvamos al poeta y el aprieto en el que se encontraba:

El hombre de treinta y tres años fue llamado por el Santo Oficio de la Inquisición y ahí se abrió la investigación de los versos y su naturaleza. No era la primera vez que Palomino tenía problemas de palabras inocentemente desbocadas: a sus trece años, en Diciembre de 1571 se le reprimió por alabar a Juan de Villaseñor y Cervantes elevándolo al nivel de santo.

Llegando Florián al Santo Oficio se debatió si había en ellos palabras mal sonantes. El canónigo tapatío Melchor Gómez de Soria intervino y después de presentar los textos favoreció a Palomino -y principalmente como un favor a su familia- resolviendo la Inquisición que estos no tenían importancia saliendo así Florián de la oficina con un largo suspiro y recobrando lentamente el color que había perdido ante los inquisidores.

Después de su encuentro con el Santo Oficio el poeta dejó la pluma para enfocarse en su carrera dentro del cabildo de Guadalajara: en 1609 fue Alcalde Ordinario de la Ciudad y en años anteriores se desempeñó como su Alguacil Mayor. Casó con una hija del Conquistador Cristóbal Romero de Valdivia y de su esposa Ana de la Cerda y Patiño con quien tendría a Isabel Sarmiento Palomino, esposa del Capitán Diego de Rentería-Mújica.

Para que quede constancia y no se olvide la obra de Florián Palomino, los versos fueron los siguientes:

A Don Pedro Altamirano. 

Ninguno el polo pudo con tal vuelo,
subir con vos en loor tan presuroso, 
que pueda con sus obras i lustroso,
llegar a emparejaros en el suelo
pues como don del estrellado cielo
tenéis el premio felice y dichoso,
ilustre Altamirano valeroso,
que suena vuestra fama dentro el cielo.
Con vos aquesta loa es excusada,
pues no hay lengua que pueda tan famosa,
alcanzar a loaros caballero;
ni pluma tan airosa y bien cortada
que acierte a dibujaros sonorosa,
aunque escribiere Apeles con Homero.

A Doña Francisca del Castillo, mi señora.

Divinos ojos por quien resplandece
el cielo en soberana compostura;
beldad sin par, angélica figura,
luz de la luz que al mundo enriquece.
Frente bordada de oro que adornase
el estrellado cielo en su altura,
alegre, profundísima hermosura,
más bella que la luz cuando amanece.

Ojos preciosos que habéis merecido
el lauro de inmortal memoria;
lumbreras bellas, rayos inmortales,
triunfo de la beldad y de la victoria;
a pesar de las ondas del olvido
sois luz sobre las luces celestiales.

A don Pedro Altamirano, que Dios guarde.

Don Pedro, tus mejillas, boca y frente 
ojos y ceja, cara cristalina,
mi pluma sin memoria harán divina
si acierta algo a escrebir de tu corriente.
Renombre cobrará de gente en gente 
si algo de tu gracia peregrina
pintase lirio blanco y clavellina
extendiendo tu loa al Occidente.
Mas ¿qué podré decir, rosal precioso,
viendo aquellas mejillas matizadas
y todo lo que más pintar se alcanza,
sino que eres vergel tan deleitoso
que en él ternás mil almas enlazadas
y al sol su luz parada en alabanza?

A doña Petrona Ana Altamirano, mi señora.

La proserpina clara viene huyendo
del rubicundo Febo, que salía
haciendo de la noche claro día
sus crines bordeadas esparciendo.
Cuando doña Petrona apareciendo
vino y sus lindos ojos descubría,
que entonces pareció que amanecía
al cristalino Betis deshaciendo.
Su luz, su bella faz tanto se encumbra
quel sol ante su lumbre parecía
ansí como ante el sol una centella;
y pues que la luz más pura nos alumbra
de la lumbre quel cielo nos envía
no den a Febo y a las gracias della.

Fuentes:

  • Pleito de Bartolomé Sánchez Palomino, de Pastrana (Guadalajara) Catalina Jiménez, de Pastrana (Guadalajara) Francisco Bravo, de Pastrana (Guadalajara) Condesa de Mélito, de Pastrana (Guadalajara) sobre ejecución en bienes de Francisco Bravo por 660.000 maravedíes que debía a Bartolomé Sánchez-Palomino y a Catalina Jiménez, su mujer, por el alquiler de unas casas. 1542-1546. Real Chancillería de Valladolid.
  • Testimonios de Guadalajara. José Cornejo Franco. UNAM. 1993.
  • Matías Pardo Mejía y Sánchez Palomino. 1684. Pruebas para la concesión del Título de Caballero de la Orden de Santiago de Matías Pardo Mejía y Sánchez Palomino, natural de Pastrana, Capitán Entretenido de la Armada Real del Mar Océano. Archivo Histórico Nacional. Consejo de Órdenes.
  • Retoños de España en la Nueva Galicia. Dr. Mariano González-Leal. Gobierno del Estado de Jalisco. 2010
  • Sociedades en construcción, la Nueva Galicia según las visitas de oidores (1606-1616). Thomas Calvo, Jean-Pierre Berthe, Águeda Jiménez Pelayo. Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos. 2013.

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