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Autor: Erik Andrés Reynoso, Caballero Divisero del Solar de Tejada. Todos los derechos reservados. Extracto del libro “La Casa de Reynoso. Estudio de un Linaje Castellano”

1440. Era un frío día de Invierno en Valladolid.

Las nubes grisáceas cerraban completamente el cielo y parecía que el mismo Dios desde lo alto no deseaba ver la ejecución del hombre que yacía en su celda. Estaba solo.

El hombre rechazó la comida que le había sido puesta a sus pies y miró lejanamente a través de la ventana; los guardias se alejaron en silencio contemplando con pena a aquél desdichado. 25 años tenía aquél pero parecía que una década había pasado por su cara y una sombra cubría su frente. Su cuerpo aún era fuerte y digno pero por su mente pasaban muchos pensamientos melancólicos, pensaba en su niñez en Valoria del Alcor, en su madre llorando por él en este momento, en su difunto padre y de pronto con amargura y venganza recordó a su padrastro… ¿Qué caso tenía ya?

Abrieron nuevamente la puerta y el hombre respiró profundamente, alzó su cabeza y el recuerdo de su padre le hizo sonreír: “En breve estaré contigo”, pensó.

El Alguacil saludó al condenado con el respeto que le merecía y sin mediar palabra le señaló el camino. Sería conducido a la Plaza Mayor de Valladolid donde sería decapitado.

El camino quizás fue largo, no lo supo ni le interesó, su mente estaba ocupada en otros menesteres, tenía entre sus manos un rosario que le había regalado su madre y rezaba con devoción. Ni siquiera el choque de los grilletes le distraía.

Llegó el carruaje a la Plaza Mayor donde el ruido de la gente le hizo salir de su letargo, sería ahora conducido a un cadalso en medio de la Plaza donde le aguardaban su verdugo y el sacerdote. Avanzó con paso firme haciendo caso omiso de las risas y de las caras deformes por la ira y la burla. Hasta el bloque llegó el condenado, agradeció al Sacerdote e intercambió una mirada firme con el verdugo, este último asintió, el condenado sonrió y entre ambos quedó claro que el tajo de la espada sería firme y final.

Se leyeron las causas de su ejecución, Sancho de Reynoso, Señor de Valoria del Alcor sería decapitado conforme a su calidad. Su madre Isabel, cubierta con un velo negro, le veía con tristeza desde lejos y rezaba por el alma inmortal de su hijo. A la ejecución asistieron el Príncipe Enrique, su esposa Blanca y los padres de ambos: el Rey Juan II de Castilla y los Reyes de Navarra.

Sancho se arrodilló e inclinó su cabeza pensando en sus padres, ellos fueron su último pensamiento…el verdugo tomó fuerza, alzó la pesada espada…y lo último que escuchó el condenado fueron las campanas de la Catedral .

Sancho de Reynoso y Ortiz de Porres nació hacia 1415 y era III Señor de Valoria del Alcor en el año de 1440, año de su ejecución.

El Epítome de la Crónica del Rey don Juan el Segundo de Castilla de D. José Martínez de la Puente nos proporciona información sobre este caballero:

Sancho de Reynoso servía entonces como uno de los caballeros del Almirante de Castilla don Fadrique Enríquez de Mendoza con quien también vivía en Medina de Rioseco.

En 1440, año en que contraerían matrimonio el príncipe Enrique de Castilla y doña Blanca de Navarra, se produjo un suceso violento entre los meses de Septiembre y Octubre a causa de Sancho de Reynoso y esto fue su fin. El padre de Sancho, Don Juan de Reynoso y Diez de Villarroel (1) había fallecido tiempo atrás y su madre Doña Isabel había casado en segundas nupcias con el caballero Don Nuño Ramírez de Guzmán, descendiente de los Señores de Aviados. Por algunas desavenencias con su padrastro en relación a su herencia y por oponerse férreamente a matrimonio de su madre, Sancho juntó a tres de a caballo de los suyos y asaltó en un camino de Palencia a Don Nuño, personalmente le golpeó y llevó preso a la Fortaleza de Valoria del Alcor, villa en la cual don Sancho ejercía su señorío.

Este suceso llegó a los oídos de Don Diego Gómez de Sandoval, Conde de Castrogeriz quien con presteza dio aviso al Rey. Inmediatamente enviaron a los alguaciles para prender a Sancho sin embargo éste había llegado ya con su prisionero a la Fortaleza de Valoria por lo que tendieron cerco las fuerzas del Conde.

El ejército del Conde no pudo asaltar la fortaleza, Sancho se mantuvo con firmeza y don Diego resolvió entonces mantener el sitio hasta que Sancho y sus caballeros se rindieran.  El Rey don Juan II fue junto con su hijo el príncipe Enrique y otros señores a la Fortaleza; llegó primero el Príncipe con el ejército de avanzada quien solicitó hablar con Sancho, este se asomó a las almenas de la Fortaleza. El Príncipe le hizo ver que su situación no tendría buen fin: hombres bien armados yacían fuera de la fortaleza y tenían todos los caminos bloqueados, no habría salida para Sancho. El Príncipe Enrique le ordenó que entregara la Fortaleza y al prisionero. Sancho se negó y le pidió al Príncipe que fuera paciente hasta que llegara el Rey y le asegurase la vida, solo bajo esa condición la entregaría.

Llegó el Rey y el Príncipe Enrique le transmitió el mensaje. Después de hablar la situación y estrategia el Rey no vio motivo para arriesgar las vidas de sus hombres en el asalto a la fortaleza. Solicitó hablar con Sancho y únicamente le dijo que se aseguraría de guardarle justicia, Sancho no entendió el motivo de estas palabras creyendo que se refería a la justicia que exigía contra su padrastro. Bajo esta promesa el caballero abrió las puertas de la fortaleza y la rindió ante su Rey entregando también a su padrastro.

Los caballeros del Rey Don Juan inmediatamente prendieron a Sancho y a sus hombres y los pusieron bajo grilletes para ser transportados a Valladolid donde se les haría justicia.

Sancho y sus hombres permanecieron encerrados esperando la sentencia del Rey. Don Juan y su consejero el Condestable de Castilla don Álvaro de Luna eran hombres esforzados que tenían que tomar decisiones firmes para mantener el orden de un Reino conflictivo, en parte por las facciones aragonesas que deseaban involucrarse en asuntos castellanos por lo que no era conveniente mostrar otra cosa que firmeza en el Rey. Tras un periodo de deliberación el Rey Don Juan emitió su sentencia: Sancho y sus hombres fueron condenados a muerte.

Al ser conocida la sentencia los Reyes de Navarra, el príncipe -futuro Enrique IV de Castilla- y su esposa la princesa doña Blanca II de Navarra hicieron varias súplicas para salvar la vida de Sancho pero el Rey manteniéndose firme en su decisión únicamente respondió que “no podía faltar a la justicia que Dios le había encomendado”.

El día siguiente, en el año 1440 Sancho de Reynoso fue llevado a la Plaza Mayor de Valladolid donde públicamente sería ejecutado para dar justicia al pueblo castellano. Sancho se postró ante el verdugo y fue decapitado como correspondía a un hombre de su calidad terminando así la muy breve historia de la rama de los Reynoso como Señores de Valoria del Alcor.

Finalmente el 15 de Diciembre de 1441 doña Isabel Ortiz de Porres, madre del difunto Sancho, realizó escritura de permuta de la Villa de Valoria del Alcor por la de Villatoquite de Campos que era de Pedro García de Herrera y Rojas, Mariscal de Castilla, Señor de Ampudia y de su mujer doña María de Ayala y Sarmiento.

Nota: (1) Juan Ruiz de Reynoso y Díez de Villarroel. Nació hacia el año 1385 en la Casa-Fuerte que tenían sus padres, fue vecino de Mazuecos de Vadeginate, solar de sus antepasados y fue hermano del III Señor de Autillo de Campos. Casó con doña Isabel Ortiz de Porres, hija de Pedro Ortiz de Porres, II Señor de Valoria del Alcor e Isabel Sánchez y nieta de Sancho Ortiz de Porres a quien le fue concedida la villa de Valoria en 1370. Don Juan Ruiz de Reynoso falleció a los pocos años después de casarse y Doña Isabel Ortiz de Porres casó en segundas nupcias con el caballero Nuño Ramírez de Guzmán.

 

Fuentes:

  • Escritura de permuta de la villa de Valoria del Alcor, propia de doña Isabel Ortiz de Porres, casada con Nuño Ramírez de Guzmán, por la de Villatoquite de Campos, propia de Pedro García de Herrera, mariscal de Castilla, y de doña María de Ayala, su mujer. [9/285, fº 279 y 280.] Real Academia de la Historia.
  • Epítome de la Crónica del Rey Don Juan el segundo de Castilla. José Martínez de la Puente. 1678. Libro III. Capítulo XXXVI




1 Response
  1. Monica Marquez

    Interesante, intenso…nos remontas, Erik, a vivir el suceso como si fuera une experiencia propia.

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