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Autor: Marisa Tello. 
Historia de La Laguna.

En la periferia de la región fueron fundadas en el mismo siglo XVI, por jesuitas y franciscanos, varias poblaciones tales como Cuencamé, San Juan de Casta, Mapimi, Parras y San Pedro, estos lugares sobrevivieron gracias a que se inició como actividad principal una explotación minera.

Estas poblaciones sirvieron como punto de partida para la formación de las haciendas en la región, podemos dividir en tres periodos la Hacienda Lagunera; estos serían:

La hacienda colonial de 1600 a 1830:

En este periodo se formaron tres grandes latifundios que abarcaban casi todo el territorio de los estados mexicanos de Coahuila y Durango: Santa Ana de los Hornos, el Marquesado de Aguayo -con su hacienda lagunera de San Lorenzo de la Laguna- y San Juan de Casta.
Santa Ana de los Hornos fue fundada por los Jesuitas, al concedérseles el derecho de fundar un colegio en Parras, constituyeron la hacienda que llegó a tener hasta 341 mil hectáreas. La explotaron con los conocimientos y técnicas que les caracterizaron. Con mano de obra mestiza, pero sobre todo con indígenas descendientes de los Tlaxcaltecas, llevados a colonizar el Noreste de México, aprovecharon la hacienda para producir productos agrícolas y ganados menores.
Con la expulsión de los Jesuitas de la Nueva España en 1771, la hacienda quedó temporalmente en manos de algunos lugareños. En 1777, la Corona española se las expropió y fue rematada para 1832, Leonardo Zuluaga -empresario español-compró la hacienda.

El Marquesado de San Miguel de Aguayo:

Este latifundio tuvo sus orígenes en el mismo principio de la fundación del Virreinato de la Nueva España pues el conquistador Francisco de Urdiñola quien por derecho de conquista quedó como legítimo propietario de grandes territorios en el actual noreste de México inició la formación del latifundio más grande de todo México en la época colonia puesto que sus dominios llegaron a sumar más de 5 millones de hectáreas. Abarcaban casi todo el Estado de Coahuila y parte de los de Durango y Zacatecas. Su apogeo se dio entre 1580 y 1750 pero la mala administración de tan gigantesca propiedad hizo que ésta viniera a menos y fue necesario rematarla una vez que concluyó la guerra de Independencia.

Dentro del Marquesado de Aguayo se integró la Hacienda de San Lorenzo de la Laguna, como producto de la compra de tierras realengas a la Corona por parte de la segunda Marquesa de Aguayo en 1731. Esta hacienda formaba la mayor parte de la zona conocida como Comarca Lagunera.
Parte del parte del Marquesado que se extendía por Zacatecas, Durango y por lo menos la mitad de Coahuila.

Cuando se remataron las propiedades del Marquesado de Aguayo, fueron los hermanos Sánchez Navarro empresarios y propietarios regionales de Saltillo y Monclova quienes las adquirieron, e introdujeron cambios y aprovechamiento de las propiedades recién adquiridas.

Rentaron tierras a medieros y a empresarios, entre éstas se contaron las pertenecientes a la hacienda de San Lorenzo de La Laguna pero como los compromisos de los Sánchez Navarro eran muchos, no pudieron con el gran paquete y tuvieron que vender parte de sus propiedades. Vendieron la Hacienda de San Lorenzo a dos empresarios de la comarca: a Juan Ignacio Jiménez, rentista del lado durangueño y a Leonardo Zuluaga dueño de Santa Ana, del lado coahuilense.
San Juan de Casta:

Esta hacienda se conformó en la misma época que las anteriores, Según Martinez Saldaña, Jose Vázquez Borrego recibió 137,151 hectáreas en el noreste del estado de Durango, en donde funda el latifundio citado.

Esta propiedad tuvo un destino casi tan azaroso como el Marquesado de Aguayo, pues tuvo varios dueños, que por diversos motivos no pudieron conservarla hasta 1830 cuando es adquirida ya ampliada por Juan Nepomuceno Flores, administrador de una hacienda cercana a la ciudad de Durango.

Una vez que adquirió la hacienda desarrolló la agricultura en las riberas del río Nazas, aguas arriba en esta zona se cultivaba maíz y trigo y entre 1830 y 1840 se introdujo el cultivo de algodón de una manera sistemática en los ranchos ribereños del Nazas mediante el riego por canales derivadores de agua cercanos al río en la zona de San Juan de Casta, Avilés y la Loma.

Se puede señalar a Flores como el primero que sembró algodón en la Comarca Lagunera, en forma comercial, pero encaminada principalmente a surtir las dos fábricas textiles que poseía en Peñón Blanco, Durango.

Flores, junto con Jimenez y Zuloaga serán el prototipo de hombres de empresa que le darán a la región, una transformación económica, encaminada sobre todo a explotar las fuentes de ingreso más atractivas del siglo XIX; la minería y los textiles.

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